Ir al contenido principal
20 septiembre, 2026

¿Cuándo hay que hacer la revisión de la caldera antes del invierno?

20 septiembre, 2026
Cuando llega septiembre y empiezan a bajar las temperaturas, hay una escena que se repite en muchas viviendas: alguien gira el mando de la calefacción, espera unos segundos y… silencio. O peor: aparece un código de error que nadie recuerda haber visto jamás. Hacer la revisión de la caldera antes de que llegue el frío permite detectar problemas cuando todavía hay tiempo para solucionarlos y no cuando toda la casa está esperando recuperar el calor.Además, revisar una caldera no consiste simplemente en comprobar que «enciende y apaga». Una revisión profesional puede incluir la comprobación y limpieza del circuito de humos, conductos y chimenea, la revisión del quemador, del vaso de expansión, de los niveles del circuito y de determinados elementos de seguridad. En función del equipo y de sus características, también se comprueban parámetros de funcionamiento y rendimiento. Es decir, hay bastante más trabajo detrás de una caldera funcionando correctamente de lo que parece.Y, por cierto, septiembre también es un buen momento para poner en orden otras instalaciones de la vivienda. Si durante el verano has detectado un aire acondicionado que no enfría, tampoco conviene dejar el problema en la lista de «ya lo miraré». El mantenimiento preventivo tiene precisamente esa ventaja: permite actuar antes de que una pequeña anomalía termine convirtiéndose en una avería más seria.

Revisión de la caldera: ¿qué se comprueba realmente?

La mejor época para realizar una revisión de la caldera es antes de comenzar a utilizarla de forma intensiva. Septiembre y octubre son meses especialmente adecuados porque todavía no suele existir la presión de las primeras semanas de frío. Si aparece una incidencia, hay margen para diagnosticarla, pedir una pieza si fuera necesario y dejar la instalación preparada.Aquí conviene diferenciar conceptos. El mantenimiento de la caldera es una actuación preventiva destinada a comprobar el estado y funcionamiento del equipo. Una reparación, en cambio, parte de una avería o anomalía que necesita una intervención concreta. Por ejemplo, limpiar un componente dentro de un mantenimiento no es lo mismo que sustituir una válvula que está fallando.

No todas las revisiones son iguales

También es importante no caer en una afirmación demasiado habitual: «todas las calderas tienen que revisarse una vez al año». No es así. El RITE establece diferentes periodicidades mínimas de mantenimiento según el tipo de equipo, su potencia y el uso del edificio. En viviendas, por ejemplo, las calderas murales a gas de hasta 70 kW tienen una periodicidad mínima de mantenimiento preventivo de dos años, aunque siempre deben respetarse las indicaciones del fabricante cuando establezcan condiciones específicas.Por otra parte, tampoco hay que confundir ese mantenimiento con la inspección periódica de la instalación de gas, que tiene su propia regulación y, en las instalaciones receptoras alimentadas desde redes de distribución, se realiza con carácter general cada cinco años. Son procedimientos diferentes y no conviene meterlos todos en el mismo saco.Si el objetivo es revisar la caldera antes del invierno, estos son algunos de los puntos que merece la pena comprobar profesionalmente:
  • Circuito de humos y evacuación: se comprueba el estado del circuito de humos y, cuando procede, se realiza su limpieza. También pueden revisarse los conductos y la chimenea para comprobar que la evacuación de los productos de combustión es adecuada.
  • Quemador e intercambiador: según el tipo de caldera y su estado, se revisan y limpian los componentes que intervienen en la combustión y en la transferencia de calor. Una acumulación de suciedad puede afectar al funcionamiento y al rendimiento del equipo.
  • Vaso de expansión y circuito hidráulico: el vaso de expansión forma parte de los elementos que contempla el mantenimiento preventivo. También se comprueban los niveles de agua del circuito y otros parámetros hidráulicos relacionados con el funcionamiento de la instalación.
  • Elementos de seguridad: una caldera no solo tiene que producir calor; debe hacerlo de forma segura. Por eso se revisan los dispositivos y sistemas de seguridad correspondientes y su correcto funcionamiento.
  • Combustión y rendimiento: en las instalaciones que corresponda, el técnico puede medir parámetros relacionados con la combustión y el rendimiento del generador. El objetivo es detectar funcionamientos anómalos y comprobar que el equipo trabaja dentro de los parámetros adecuados.
  • Señales de advertencia: pérdida frecuente de presión, ruidos extraños, apagados inesperados, dificultad para arrancar, agua donde no debería haberla o errores que aparecen repetidamente son motivos suficientes para no esperar a que llegue diciembre. En estos casos ya no hablamos simplemente de una puesta a punto de la caldera, sino de comprobar si existe una avería que requiere intervención.
En definitiva, el mejor momento para revisar la caldera antes del invierno no es cuando la calefacción deja de funcionar un domingo por la noche con cinco grados en el exterior. Hacerlo con cierta antelación permite detectar anomalías, planificar las reparaciones necesarias y empezar la temporada de calefacción con la instalación en condiciones. Porque la calefacción, como muchas cosas en la vida, funciona mucho mejor cuando uno se acuerda de ella antes de necesitarla.

Latest Posts